Fue completamente innecesario. Lo
comprendió desde el momento en que me abalancé sobre él. Los
insultos no fueron demasiado, estábamos acostumbrados. Pero
levantarme la mano... eso nunca.
Las personas discuten porque sí. Es
su naturaleza ser inconformes. Por pequeñeses. Uff... cuántos
portazos. “¡Esa mesa de vidrio es una molestia, correla de ahí!”.
Soy una persona extremista, si estoy
de buenas, brindo todo, pero una palabra desubicada y mi rostro se
transforma. Él podía defenestrarme por completo, pero con mi
familia no. Demasiado pasaron para que un infeliz como este se
burlase de ellos. No podía tolerarlo.
Un instante de insensatez lo puede
todo.
Sin embargo, acá estoy, desangrando.
El desgraciado pegó más fuerte ¡Y yo que no había movido la mesa
de vidrio! Las puntas no se veían tan filosas cuando la habíamos
bajado del flete.
No hay comentarios:
Publicar un comentario