martes, 31 de julio de 2012

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  Fue completamente innecesario. Lo comprendió desde el momento en que me abalancé sobre él. Los insultos no fueron demasiado, estábamos acostumbrados. Pero levantarme la mano... eso nunca.
  Las personas discuten porque sí. Es su naturaleza ser inconformes. Por pequeñeses. Uff... cuántos portazos. “¡Esa mesa de vidrio es una molestia, correla de ahí!”.
  Soy una persona extremista, si estoy de buenas, brindo todo, pero una palabra desubicada y mi rostro se transforma. Él podía defenestrarme por completo, pero con mi familia no. Demasiado pasaron para que un infeliz como este se burlase de ellos. No podía tolerarlo.
  Un instante de insensatez lo puede todo.

  Sin embargo, acá estoy, desangrando. El desgraciado pegó más fuerte ¡Y yo que no había movido la mesa de vidrio! Las puntas no se veían tan filosas cuando la habíamos bajado del flete.

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